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Onésimo Cepeda, obispo, golfista y sin pelos en la lengua

obispo golfista

“Compañeros de partido rezan para que yo pierda”

Se llama Onésimo Cepeda Silva, es mexicano y el obispo de una de las diócesis más grandes del mundo, la de Ecatepec, que cuenta con unos cuatro millones trescientos mil habitantes. Es el único obispo que juega al golf

que yo sepa. Él dice que hay algún americano más, pero que hayan llegado a ser scratch y que tengan el nivel de juego que todavía mantiene, pese a sus 74 años, seguro que pocos.

Onésimo Cepeda fue nombrado en 1995 obispo de este estado mexicano por Juan Pablo II.

"Es la zona pobre del país”, dice, “muy próxima al Distrito Federal". Antes había estudiado Derecho, Filosofía, Teología... y había desarrollado toda una vida empresarial de éxitos, entre otros de la mano del multimillonario Carlos Slim, con quien cofundó la Casa de Bolsa Inversora Bursátil SA de CV, que más tarde se

constituyó en Grupo Financiero Imbursa.

Fue también director ejecutivo de Banamex Citigroup, Ingenieros Civiles Asociados y Televisa. En 1970 se ordenó sacerdote y sus prioridades cambiaron. “Ahora apenas me queda tiempo para jugar al golf como quisiera”, asegura.

–Disculpe mi ignorancia, pero no sé cómo debo dirigirme a usted. ¿Cuál es el tratamiento que se debe a un obispo: ilustrísima, eminencia, excelencia...?

–Trátame como te de la gana. De eminencia ciertamente no, porque eso es para cardenales; aunque he de confesarte –dice divertido– que si me dices eminencia hasta me siento bien. Ojalá y Dios te diera boca de profeta, aunque creo que ya es demasiado tarde.

–¿No me dirá que no es raro que un obispo juegue al golf?

–Raro, raro, es un decir: yo conozco a alguno que lo hace y no del todo mal.

–¿Mexicanos?

–Al menos hay un par de mexicanos que juegan, norteamericanos muchos más. Españoles que yo sepa no.

¿Cuándo empezó con el golf?

–Cuando tenía diez años. Mi papá era un gran golfista. Tenía cinco de handicap. Yo quise aprender a jugar para poder ganarle.

–¿Se encomienda a Dios cuando se dispone a golpear la bola con el driver en las manos?...

Seguro que cuenta con alguna ayudita de su jefe...

–No, no lo hago porque confío en que Dios está siempre conmigo incluso cuando juego. He notado, a veces, que otros compañeros de partido sí rezan para que yo pierda, pero el Señor pocas veces les hace caso. No es mi culpa si yo juego tan bien y no necesito apoyos extras (ríe).

–Hace más de veinte años en un torneo en Marbella alguien me señaló al obispo de Gibraltar que seguía el juego. Me acerqué para hacerle algunas preguntas y cuando le inquirí sobre su handicap me dijo muy serio: el celibato hijo, el celibato...¿Cuál es el suyo?

–Yo soy un excelente quince, aunque en su momento fui un excelente scratch. Entonces todavía no era obispo, ahora ya no tengo tanto tiempo libre para jugar. Esto del Obispado exige mucha dedicación.

–Usted lleva muchos años viniendo a la Costa del Sol ¿que encuentra aquí?¿que le atrae tanto?.

–Pues, buenos amigos que me invitan. Siempre he sido un enamorado de España y de Andalucía.

–¿Juega al golf todos los días?

–A ver, esa pregunta puede tener doble sentido, ¿no querrá insinuar que no hago otra cosa?. No, la verdad es que no puedo jugar tanto como quisiera. Ahora eso si cuando estoy aquí procuro jugar todos los días. En México trabajando ya solo juego cuando puedo, cada quince días, cada mes... Según

–¿Quienes son sus ídolos en el golf?

–Sobre todo Lee Treviño, Jack Nicklaus, Tiger Woods... De éstos he jugado con dos y además les he ganado. Con Tiger no he podido hacerlo aun. Con Treviño hice una apuesta cuando vino a jugar un campeonato a México. Yo entonces era sacerdote y director espiritual de un orfanato en Cuernavaca con más de 1.500 niños. Lee, que es guasón, me dijo, al verme a mi hablador y un punto fanfarrón: vamos a hacer una apuesta y si me ganas te dono lo que consiga en el torneo para el orfanato, y si pierdes vas a decir misas por mi hasta el día del juicio. Le gané y muy generosamente entregó al orfanato los 100.000 dólares que había logrado en el torneo.

¿Se ve jugando mucho tiempo al golf todavía?

–Todo lo que me quede de vida útil y más allá.

–¿Más allá?, ¿es que se ve jugando con San Pedro?

–No, porque me haría muchos milagros y no los aguanto. A mí hay que ganarme sin triquiñuelas.

 



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